Saturno es el planeta que, según los astrólogos, cuando lo tenemos contra nuestro signo zodiacal, implica rupturas, cambios, nuevos encuentros, de los cuales podemos salir ajetreados y cambiados, inclusive para mejor.
Dos conclusiones aterradoras:
1) No hace falta morir para perder la propia vida.
2) Soy demasiado joven para ser padre.
Hace una semana estaba excitadísimo porque falta poco para irme a Rusia, porque había aprobado un examen, porque la redistribución de los muebles de mi habitación había generado nuevos multiespacios, porque con la guita gracias a mí (y no gracias a Dios, que se ocupa de otras cosas), con la guita estaba llegando a fin de mes. Y porque tenía la comodidad de una parte del alquiler pagada, sin el peso de un cuarto inquilino.
No tenía grandes preocupaciones, sino esperanzas, y podía decidir si ponerme a estudiar, si ponerme a armar el rompecabezas, o salir con mis amigos a tomar aire.
Esa vida se terminò.

Un desolador domingo por la tarde de verano, con la ciudad vacía, todo se desvaneció. El papá de Max, mi coinquilino siciliano que falleció en marzo, me dijo que el miércoles desocupaba la habitación. Y esa habitación la prometí al inquilino albanés. Entonces se desocupa una habitación. Y tengo que meter otro inquilino en la casa. Solo que, con la ciudad vacía como está, sin estudiantes por las calles, ¿cómo carajo hago yo para encontrar una persona dispuesta a pagar ese precio por una habitación tan pequeña? No puedo bajarle el precio sin subirle el precio a los demás. Porque si así fuera, la habitación grande (que es la que tengo yo) tendría que subir de precio. Y no me lo puedo permitir. Estando vacía la ciudad, vendrán dos gatos locos a ver la casa. Y no me puedo permitir que me digan que no me van a pagar esa cifra por una habitación tan pequeña. La domanda de casa en esta época es escasísima, y la oferta es excesiva. Así que o mejoro la oferta o bajo el precio. Y lo segundo, no puedo hacerlo. Así que tengo que hacer una oferta que nadie pueda rechazar. Se trata de mi habitación, que es la más grande, y yo iré a dormir en la habitación pequeña. Un sacrificio que tengo que hacer para no arruinar otros equilibrios precarios. Después de 23 años de espera no puedo faltar a Rusia.
Vuelvo al agujero. Regreso a la habitación pequeña, sin màs espacios que para la cama y el ropero.
Debo optimizar el tiempo, entre trabajo y resolución de los problemas. Es un desafío, pero parece que tengo a Saturno en contra.
Y yo anoche tuve la toma de conciencia de que Max murió, cuando empezamos a vaciar su habitación, a desarmar la computadora, a descolgar los cuadros, a empaquetar su ropa. Fue durísimo quitar la funda a su auto nuevo apenas usado, y ponerlo en marcha y llenarlo de sus cosas, que ya no veré más.
Hasta ahora mi forma de extrañarlo se sentía cuando quería contarle algo y repentinamente me daba cuenta de que no podía hacerlo, ni llamarlo, ni mandarle un mensaje, ni dejarle una nota.
Y en estos meses fueron tantas las cosas que hubiera querido decirle, de las cuales nos hubiéramos reído juntos. Eran los momentos mejores, cuando nos dábamos cuenta que éramos padres, madres, tutores y encargados de los otros dos coinquilinos. Ahora estoy sólo y me siento padre de dos bastardos que no saben ni tirar la cadena. Y yo no quería ser padre a los 26.
Desde que se fue, la habitación de su puerta cerrada, sus fotos con las flores en el living, su auto cubierto con funda y su moto en el garage lo tenían con nosotros.
Ahora se llevan sus cosas, Saturno en contra, y se va.
Ahora sí que lo voy a extrañar.
