25 de octubre de 2005

Broadway 91

Fue en la primavera de 1991, que llevé a mi hermana Julia al cine Broadway de calle San Lorenzo a ver “Hook”, la historia de un Peter Pan que se hizo grande. Interpretado por Robin Williams, un hombre que nunca creció, y por Dustin Hoffman el primero, uno que nunca fue pequeño.

Ambos recordamos con afecto esa ocasión, porque estando yo en quinto grado y ella en preescolar, le tuve que leer susurrando todos los subtítulos de la película a mucho pesar de los espectadores que estaban a nuestro alrededor, ya que el film estaba en inglés y ella no sabía aún leer.

Otra cosa que nos quedará en la memoria mientras tengamos, fue lo que sucedió después de la película. Cuando el resto del público se levantó y se fue a sus casas yo me quedé hasta el final de los títulos. Yo siempre me quedo hasta el final de los títulos cuando miro una película. Julia se quedó conmigo. No porque leyera, pero los cines antiguos cobran una atmósfera muy particular cuando se quedan a media luz. La trama de los asientos vacíos y la bóveda hueca del techo se llenan de penumbra y semisombra, y uno se vuelve padrón del espectáculo, una vez que termina la película.

Como en un film, nos fuimos a recorrer los palcos y los corredores alfombrados de rojo de un cine de película, y fue así que llegamos a la sala de proyección.

Allí había un señor anciano que estaba pasando la película desde el carrete grande, de vuelta a los carretes pequeños. Un señor de unos setenta años, con el pelo gris y vestido como habría estado vestido su padre cuando él nació. Esa sala de proyección, dentro de ese cine, estaba suspendida en el tiempo. Era un anacoluto anacrónico del presente. Parecía más un error en la escenografía que una trastienda. Porque no estaba del todo descolgado del entorno: el señor tenía un giradiscos, y en él giraba el vinilo de cantaniños, un disco que hubimos de escuchar miles de veces, antes de que en ese mismo año, el compact disc sustituyera el tocadiscos, y los CDs desplazaran a sus abuelos en las bateas.

Julia y yo nos disfrutamos de la aventura y de la escena con mucha complicidad. Siempre que salíamos éramos muy compinches. La cosa cambiaba cuando era el momento de volver a casa. Apenas ella veía que estábamos volviendo, se volvía rebelde. Empezaba a desobedecer, a cruzar la calle sola: a portarse mal, en resumidas cuentas.

Cuando salimos del cine, emitió su primera crítica cinematográfica: «los efectos especiales eran un poco malos. En la parte que el cocodrilo cae de boca abierta sobre el tipo, yo me fijé bien y se ve que el tipo (el actor) se corre».

Le expliqué que el tipo no se corre, que es un truco de la cámara, y que la imagen está retocada para que parezca que el cocodrilo se come al malo, pero que en realidad es una ilusión óptica, y, que en todo caso, si fuera verdad que el actor se corre mientras el cocodrilo se le está cayendo encima, nosotros no lo hubiéramos visto, porque en fase de postproducción, estas cosas se corrigen.

Pero no. Ella estaba empecinada en que ella había visto al actor correrse. «Se corre hacia un costado», decía.

La discusión con la niña rebelde prosiguió durante cuadras de caminata, y toda la magia que había habido en el cine se desvaneció en el atrio, entre el soportal y la taquilla.

El tema en cuestión vino a flote en distintas oportunidades, y al final llegó el día en que alquilamos la película en video.

En la escena en la que el cocodrilo cae sobre el actor, uno puede ver en cámara lenta cómo son las cosas.
Y no había ni rastros de que el tipo se corriera.
Lo mismo cuando vimos el film por televisión: ella sostenía que en la versión que habíamos visto en el cine, el actor se corría.

El tiempo pasó.

Ella aprendió a leer y yo a traducir otras lenguas.

La vida nos ha enseñado, en estos catorce años, perfumados y hediondos de mil magias diversas, que hay cosas sobre las que no se discute.
Los dos cambiamos mucho. Sin embargo, algunas cosas no cambian.

Y catorce años después, a fin de cuentas, ¿quién me dice a mí, que en la versión cinematográfica que vimos en el Broadway, el tipo no se corría?

Martes, 25 de Octubre de 2005
R Jueves 10 de Noviembre de 2005. 0.50 hs.

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